¿QUIÉN ES ESE BORRACHO?
por Samuel Ramirez
Eran las 5 de la tarde en la Ciudad de México, lugar, metro copilco, entre el aroma a rosetas de maíz de la señora de al lado y la niña que las comía, surgió de entre la gente, que luchaba por entrar al vagón, un hombre como cualquier otro, pero un poco particular, él se ayudaba para caminar con una muleta y un bastón, un joven le cedió su asiento y él sólo sonrió, la combinación de olores que desprendía era indescriptible, él parecía solo cansado y tal vez un poco dolido, ¿Cómo esta don? -Le pregunté- él sólo sonreía y la gente alrededor hacia ademanes de desagrado causa del aroma a vómito y heces el cual era muy tenue pero le acompañaba, - bien- me dijo- ¿qué le pasó, porqué el bastón?, comenzó a contar su historia.
Su nombre Genaro López Elizalde, él tenía una tienda de abarrotes, hasta que un asalto le arrebató su patrimonio conseguido en 7 años de largo y arduo trabajo y la movilidad de su pierna derecha a causa de un disparo de arma de fuego,- no me quedo de otra más que seguir adelante, digo, no podía tener lástima de mi toda la vida- añade, a pesar de levantar una denuncia no se hizo nada, y no se pudo recuperar del incidente, - se llevaron todo, incluida la caja fuerte, y pues como no tengo familia tuve que seguir yo solo. A un año del acontecimiento sus últimos ahorros se acabaron por las operaciones a las que fue sometido y que no le regresaron el total movimiento de su pierna.
El señor Genaro no sabía que hacer, nadie lo contrataba y los empleos que solicitaba requerían secundaria mínimo, -quise entonces trabajar de cargador de bultos, pero no podía por mi pierna- el dolor que experimentaba lo llevó a utilizar su primer bastón, - seguí intentandolo hasta que, por fin pude entrar de acomodador en una tienda, no es el trabajo que soñaba pero algo es algo. Poco tiempo después lo inculparon por robo hormiga y tuvo que pagar sus pocos pesos de sueldo por los artículos perdidos.
El hombre de edad avanzada continuaba con dificultad, el cansancio se llevaba la poca lucidez que le quedaba, se estremeció, ¿se siente bien?- pregunté- solo volvía a sonreír, tal vez fuera su demencia senil, pero en realidad el viejo tenía algo parecía cambiar de tema al brillo de las canas que describian su billante calva, prosiguió, vivía y comía en un albergue de la zona sur de la ciudad de México, ahi realizaba tareas sencillas que le garantizaban su estadia en el mismo, hasta que lo sacaron por que ultimadamente causaba mas problemas que soluciones.
El tiempo pasaba y los años se juntaban en sus cada vez mas evidentes arrugas, en uno de sus andares adopto un perro, que era su mas fiel amigo, en realidad el único que tenía, al que nombró Bonni, por bonito, este encuentro le hizo sentir que alguien necesitaba de el, pero cuando todo parecia ir mejor el can fue atropellado, la angustia de ir lo mas rápido que pudo hacia su herido amigo, le nublaron el pensamiento y cruzó sin fijarse, corriendo la suerte del cuadrupedo, cuando se dio cuenta de lo que había ocurrido el mejor amigo del hombre ya estaba muerto. El accidente le obligó a usar otro baston para ayudarse a caminar, como no le alcanzaba, encontro una vieja muleta de madera, que le sirvió de apoyo y prosiguio con su vida.
La memoria ya no le ayudaba a recordar los sucesos que le llevaron aquella fría tarde de Noviembre hasta el metro copilco, en todo momento siempre estuvo sonriente, hasta el ultimo vistazo que echó antes de caer vencido, ya no por el cansancio, ni por la vejez, el exceso de alcohol acabó por dejarlo rendido y dormido. //D

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